Francia
en el Mundial 2002, Brasil en el Mundial de 2006, Italia y Francia en el
Mundial de Sudáfrica. Ahora parece ser el turno de Robben, Sneijder y compañía. Los últimos fracasos de grandes selecciones en eventos de tal calibre acechan a los aficionados oranges, que ven cómo su equipo puede terminar por derrumbarse a manos de la selección portuguesa. Así, el próximo partido contra Portugal será a cara o cruz y quien pierda se
marchará a casa con las manos vacías.
Numerosos
tropiezos y caídas en torneos de suma importancia de selecciones históricamente campeonas, no invitan al optimismo de un país que llegaba crecido a la
Eurocopa tras ganar nueve de los diez partidos de la fase de clasificación y,
sobre todo, tras llegar con la vitola de subcampeona del Mundo.
Pero el
fútbol es así. Primero Krhon-Dehli y luego Mario Gómez bajaron de la nube a una
selección con un juego poco vistoso y renqueante en el que su seleccionador,
van Marwijk, no permite alinear de inicio a dos delanteros como Van Persie y
Huntelaar pero sí mantener a una pareja de mediocentros como Van Bommel y De
Jong tan pobre de ideas como improductiva en ataque.
A ello
se suma el bajón físico que ha pegado Robben tras un nefasto final de temporada
con el Bayern. Si ese penalti en la prórroga de la final de la Champions contra
el Chelsea de Cech llega a entrar, estaríamos hablando de otra Holanda. Pero no
fue así. Erró el penalti y su estado anímico, básicamente, se encuentra por los
suelos.
Aunque
si hay dos jugadores que pueden levantar a la selección orange son Sneijder y
Van Persie. Al primero se le vio pidiendo continuamente el balón en zona de
tres cuartos y obteniendo un protagonismo que había perdido durante la
temporada en el Inter. Mostró garra, lucha, dolor por la humillación. Algo que
no se discernió del resto de sus compañeros.
El
segundo, el máximo goleador de la Premier, sacó a relucir su gran pegada con un
potente disparo con su pierna mala, la diestra. Tras revolverse en el extremo
izquierdo de la frontal del área ante Hummels su disparo se coló entre las
piernas de Badstuber para adentrarse en la portería alemana.
No fue
suficiente. El partido llevaba sentenciado desde tiempo atrás. Desde que Mario
Gómez quiso. “¿Qué más se puede pedir?” fueron las palabras al término del
partido del delantero “granadino”. Cuatro días de intensas críticas desde el
país germano, donde todo lo que huele a español es criticable, pidiendo la
entrada de Miroslav Klose le bastaron para demostrar que él puede ser titular.
Dos zarpazos dos goles. El primero tras un control majestuoso, de esos que se
deberían enseñar en las escuelas de fútbol, y el segundo tras un soberbio
desmarque en el que dejaba en evidencia a la defensa orange. Él solito hundió
un poco más a Holanda.
Por lo
que se vislumbra, sólo falta que Cristiano dé el último empujoncito a una
selección bastante pobre en su juego, que no consigue ser la selección que fue
y que puede salir de la Euro por la puerta de atrás. Ganar por dos goles a
Portugal y que pierda Dinamarca. Una tarea ardua, de esas que gustan disputar a
jugadores como Sneijder, Van Persie o Huntelaar. Todo o nada. Decepción o
suspiro. Todo se decide el domingo.

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